martes, 18 de octubre de 2011

FÁBRICA DE HOLANDAS

Los holandeses fueron los primeros en reducir el vino de volumen y peso para hacer más fácil su transporte y almacenaje hasta los Países Bajos. Al llegar allí volvían a hidratarlos, obteniendo un licor de olor intenso y con un característico olor a quemado: brandewijn, vino quemado. En nuestra zona esta palabra se sustituyó por otra mucho más fácil de pronunciar y de recordar, ya que hacía referencia al lugar de destino del producto: holandas.
Esta torre alambique, levantada a finales de los años cuarenta, es lo que queda de esta fábrica de holandas. Sus más de treinta años de abandono han hecho que en la actualidad su interior haya perdido todo vestigio de lo que un día sirvió para calentar y evaporar el alcohol.







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