sábado, 14 de junio de 2014

LOS GOLDINES

Desde que mi amigo Jesús me habló por primera vez de este sitio, casi perdido entre el Tranco y las estribaciones norteñas de la sierra de Segura, su visita se había convertido para mí en una asignatura pendiente. 
Hace unos días, en una escapada relámpago, pude llegar hasta aquí y recorrer lo que hasta las primeras décadas del siglo pasado fue un poblado pequeño y bastante apartado. 
Es necesario echar mano de las vistas cenitales para ver, o más bien intuir, la media docena de calles con que contó este lugar.
Bien poco queda de Los Goldines. Sus casas desmoronadas e invadidas por la maleza y el silencio solemne que rodea todo dan a estas ruinas una magia llena de belleza.








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