miércoles, 18 de abril de 2018

PABELLÓN DE LOS HEXÁGONOS

He aquí otra gran asignatura pendiente que tenía desde hacía bastante tiempo. Por fin este pasado fin de semana, en compañía de mi amigo Faustino Calderón, he tenido la ocasión de venir hasta aquí.


Se trata de un magnífico edificio diseñado por los arquitectos Ramón Vázquez Molezún y José Antonio Corrales Gutiérrez para la Exposición Universal de Bruselas del año 1958.



Aunque pueda parecer mentira, el edificio causó sensación en dicho evento y se alzó con el primer premio, por delante de los pabellones diseñados por Stone (EEUU), Van den Broeck (Holanda), El Hanani (Israel) o Mayekawa (Japón).





Acabada la Exposición Universal, fue desmontado en su lugar de origen y vuelto a montar en Madrid durante el año de mi nacimiento, 1959, donde se cae a pedazos desde entonces.



A ninguna institución parece importar mucho el futuro de esta parte importante de la historia reciente de nuestra arquitectura, mucho más valorada fuera de nuestras fronteras que aquí. 







Probablemente la ruina del Pabellón de los Hexágonos es hoy día una realidad molesta para los políticos, mandamases y parlanchines del país, demasiado ocupados en gestionar sus propias miserias y anhelos.


sábado, 24 de marzo de 2018

ABADÍA DE AULNE

Hace menos de dos años traía hasta estas páginas algunas fotografías de la abadía cisterciense de Villers la Ville.
Apenas una hora de camino hay desde aquel lugar hasta aquí. 


Fundada como abadía benedictina en el año 637, pronto fue ampliando sus dominios y aumentando el número de edificaciones, dependencias, jardines y terrenos de labor.



Cuatrocientos años después de su fundación, este complejo monástico pasó a manos de los monjes cistercienses de Clairvaux.



Al igual que la mayor parte de las abadías medievales del sur de Bélgica, este lugar alternó períodos de gran esplendor con otros de decadencia y olvido.




A finales del siglo XVIII, las ideas renovadoras de la Revolución Francesa atravesaron las fronteras belgas y llegaron hasta aquí. Ello propició el incendio y saqueo de este lugar. La expansión de las ideas de la Ilustración sirvió, entre otras cosas, para quemar los 45.000 libros, manuscritos muchos de ellos, de la biblioteca de esta abadía.






Actualmente aún pueden verse estas imponentes ruinas en un meandro del río Sambre.