Los peones camineros aparecieron en el reinado de Carlos III para efectuar los trabajos de conservación de los caminos y cunetas en general, asignándosele a cada uno de ellos un trozo de vía de una legua, algo más de cinco kilómetros y medio.
Para dar alojo a los peones camineros se construyeron viviendas a pie de carretera, casi todas con una tipología muy parecida entre sí, con una superficie edificada que oscilaba entre ochenta y cien metros cuadrados, más un pequeño huerto, donde normalmente había un pozo.
Con el tiempo, los peones camineros y sus viviendas se nos hicieron tan familiares que se convirtieron en parte indispensable de nuestra geografía.
Hoy día, los peones camineros perviven en el recuerdo de los que los conocimos y los vimos transitar para procurarnos una ruta más agradable y más limpia.
















































