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domingo, 22 de marzo de 2026

CONVENTO FRANCISCANO DE SALVATIERRA

No hace mucho subimos hasta aquí mis hermanos, mi sobrino Bruno y yo, buscando los restos de este convento franciscano del que mi padre nos había hablado en alguna ocasión. 


Lo poco que queda de él está tan oculto por la arboleda y la maleza circundante que uno no lo ve hasta haber llegado a él, después de haber subido por el cerro del castillo y haber pasado por un precioso bosque de castaños.


Este convento, construido en piedra y argamasa, fue fundado en  1506 por orden de Gómez de Solís a petición de su esposa Beatriz de Figueroa.



Convento franciscano de Santa María de Jesús es el nombre completo de este imponente edificio.






Al igual que una gran parte de los edificios religiosos del país, la desamortización de Mendizábal acabó por condenarlo al abandono y al posterior saqueo, llevándolo al estado actual de ruina.

 

jueves, 26 de mayo de 2011

POZO DE LA NIEVE

Llegué hasta aquí un día de lluvia en busca de este Pozo de la Nieve, del que mi padre me había hablado muchas veces, describiéndomelo como un edificio no demasiado común. 
La familia de su madre, mi abuela paterna, era de Salvatierra de los Barros y allí, a los pies de la Sierra de Utrera, es donde está esta construcción de mediados del siglo XVI, compuesta por dos robustos cilindros de mampostería terminados en bóvedas de ladrillos y unidos en su parte trasera por varias dependencias anejas.
Este edificio, muy cercano a la Ruta del Temple y no muy lejos de la Vía de la Plata, servía para almacenar y conservar la nieve procedente de las sierras vecinas. La nieve se transportaba hasta aquí aprovechando las bajas temperaturas de la noche y se introducía en estos depósitos, después se apisonaba y compactaba, colocando cada medio metro de altura una capa de paja.
Los pozos de nieve proliferaron a partir del siglo XVI, momento en que el hielo comenzó a ser muy solicitado para la conservación de alimentos, la medicina y la fabricación de tabacos. 
Las funciones de estos neveros artificiales continuaron hasta finales del siglo XIX, cuando empezaron a utilizarse las primeras máquinas frigoríficas. Se construían en la cara norte de las montañas y aún quedan muchos diseminados por nuestra geografía. En Andalucía son muy conocidos los de Iznatoraf, Constantina y los del Puerto de los Ventisqueros.