He aquí la crónica de una muerte anunciada; no en vano los campistas de sus últimos años de existencia dejaron en la red comentarios bastante significativos sobre su suciedad y sobre su dejadez, comentarios que aún pueden leerse en algunas de las páginas relacionadas con la hostelería onubense.
El camping Rocío Playa, probablemente uno de los de mayor renombre de nuestras costas, agonizó lentamente en los últimos años del decenio pasado. En 2010 cortaron el suministro de luz eléctrica y casi simultáneamente el del agua potable. Eso hizo que los campistas fueran abandonando poco a poco las instalaciones.
Su enorme extensión sobre el Parque Dunar, más de 25 hectáreas, permitió la cabida de más de mil parcelas, de casi una docena de casas móviles e incluso de una treintena de bungalows de madera. Por ello no es de extrañar que en sus mejores tiempos este camping de segunda categoría llegara a contar con casi doscientos trabajadores, la mayoría de ellos de Matalascañas y otros pueblos vecinos.
La colosal cafetería, sobre la parte más alta del cordón dunar que se levanta en paralelo a la costa, tiene una vista magnífica sobre el océano; es, junto con el gran supermercado, el edificio más significativo de este lugar.
El camping Rocío Playa quedó definitivamente abandonado en febrero de 2011, cerrando así una página importante del turismo de nuestra provincia que duró más de treinta años.









































