lunes, 18 de febrero de 2013

MEMBRILLO BAJO

La guerra civil lo había dejado del lado fascista y los terratenientes del lugar aprovecharon esta coyuntura para solucionar a su manera el litigio por unas tierras, que mantenían desde hacía más de un siglo con los campesinos. En 1937, la aldea fue bombardeada e incendiada y los habitantes que no huyeron fueron exterminados.
El escritor onubense Rafael Moreno reflejó en su novela La raya del miedo la tragedia de esta pedanía de Zalamea la Real que desde entonces está abandonada.
A vista de pájaro, todavía es fácil ver el trazado de la media docena de calles con las que contó.















FUNDICIÓN LOS SILILLOS


Poco queda de esta fundición valverdeña a la que abastecía de cobre la mina La Ratera. Su imponente chimenea, que conserva las señales de un intento de voladura durante la guerra civil, puede verse desde varios kilómetros. También quedan los silos de mineral, de donde probablemente toman su nombre los dos embalses cercanos, y el muro del dique, sumergido ahora por las aguas de uno de los pantanos.
Un ramal ferroviario de algo más de tres kilómetros, del que no quedan restos en la actualidad, conectaba este lugar con la vía de Buitrón a San Juan del Puerto.
El traslado de estas instalaciones a Cueva de la Mora conllevó la desaparición del edificio principal de la fundición y el deterioro de las demás construcciones. 









 

viernes, 1 de febrero de 2013

LOS CARRASCALES


Un lugareño me relató la época dorada de esta vivienda de campo que quedó abandonada a mediados del pasado siglo. Se llegaba hasta ella por un camino de tierra batida en el que había bancos y macizos de flores. Ahora la casa es una isla en medio de un inmenso campo de cultivo en el que no existe senda de acceso.
La fachada lleva la fecha de 1914 y su arquitectura neomudéjar conecta con lo que se hacía por este tiempo tanto en Huelva como en Sevilla.
Cuando uno visita su ya deteriorado interior, no le es difícil imaginar su época de fastos y esplendor.















BODEGA DE LA CAMPIÑA


Aún queda una docena de conos de cemento sobre bancada de ladrillo visto. Los más antiguos llevan el sello de la Sucursal de la Serena y la fecha de 1919, por lo que fueron construidos por mi abuelo Antonio en Villanueva de la Serena. Allí los embarcaban en tren y venían hasta la estación de La Palma del Condado, desde donde se distribuían a las distintas bodegas del Condado y la Campiña.
Teniendo en cuenta la fecha de construcción de estos conos, es de suponer que la bodega ya existiese antes, por lo que podríamos datarla dentro de las dos primeras décadas del siglo pasado.