jueves, 26 de mayo de 2011

POBLADO CONSERVERO

        Encontramos este sitio hace muchos años, cuando navegábamos por el estero Domingo Rubio. Lo que desde la Punta del Sebo nos pareció una construcción semioculta por la maleza resultó ser en realidad un poblado conservero de mediados del siglo pasado. A juzgar por las ruinas que quedan, debe de llevar abandonado una treintena de años y puede suponerse que en su día llegó a albergar a más de un centenar de personas, todas ellas dependientes de una conocida industria conservera.
       Aunque se han demolido las viviendas que rodeaban la plaza principal, aún quedan en pie algunas calles, el comedor cooperativo, las instalaciones de la fábrica y el muelle de carga y descarga. Los chalets de la parte norte todavía guardan ecos de su antiguo esplendor.




POZO DE LA NIEVE

        Mi padre me había hablado mucho del Pozo de la Nieve, me lo describía como un edificio no demasiado común. La familia de su madre era de Salvatierra de los Barros y allí, a los pies de la Sierra de Utrera, es donde está esta construcción de mediados del siglo XVI, compuesta por dos robustos cilindros de mampostería terminados en bóvedas de ladrillos. Estos dos cilindros están unidos en su parte trasera por varias dependencias anejas.
       Este edificio, muy cercano a la Ruta del Temple y no muy lejos de la Vía de la Plata, servía para almacenar y conservar la nieve procedente de las sierras vecinas. La nieve se transportaba hasta aquí aprovechando las bajas temperaturas de la noche y se introducía en estos depósitos, después se apisonaba y compactaba, colocando cada medio metro de altura una capa de paja.
       Los pozos de nieve proliferaron a partir del siglo XVI, momento en que el hielo comenzó a ser muy solicitado para la conservación de alimentos, la medicina y la fabricación de tabacos. Las funciones de estos neveros artificiales continuaron hasta finales del siglo XIX, cuando empezaron a utilizarse las primeras máquinas frigoríficas. Se construían en la cara norte de las montañas y aún quedan muchos diseminados por nuestra geografía. En Andalucía son muy conocidos los de Iznatoraf, Constantina y los del Puerto de los Ventisqueros.  





      

domingo, 8 de mayo de 2011

APEADERO EL MANZANO

Hace algo más de diez años recorrí a pie los 84 kilómetros que hay entre Riotinto y Huelva para fotografiar los puentes ingleses. Fue entonces cuando descubrí este pequeño poblado. 
El Manzano fue un apeadero de tren situado en la vía férrea de Riotinto a Huelva, a 63 kilómetros de la capital. A juzgar por las ruinas que quedan en la actualidad, en su mejor momento debió de contar con, al menos, un centenar de vecinos.
Casi todas las casas que quedan datan de principios del siglo XX. Junto a las viviendas se alza el puente Manzano, de 54 metros de longitud, sobre el que el ferrocarril minero atravesaba el río Tinto. Este puente está formado por vigas laterales de celosía de 1,30 metros de altura, arriostradas en planos horizontales y verticales, y se conserva prácticamente igual a la época en que se construyó, es decir, el último tercio del siglo XIX.
Desde el poblado de El Manzano puede verse también el túnel del mismo nombre al otro lado del puente mencionado.









SILOS DE CANDÓN

Descubrí este sitio por casualidad, haciendo una ruta en bicicleta en busca del pilar mudéjar de la Media Legua. Estos singulares depósitos están situados en el término municipal de Beas, entre Trigueros y Candón. Fueron construidos como silos para guardar alfalfa. No se sabe con certeza de qué año datan, los habitantes más viejos de Candón siempre los han conocido ya hechos, por eso podemos suponer que su antigüedad es superior a ochenta, noventa años o incluso un siglo. En la década de 1930 fueron reconvertidos en palomares y aún hoy siguen albergando a un buen número de palomos.
Los ocho depósitos son cilíndricos y acaban en su parte superior en forma cónica. Ninguno de los ocho es exactamente igual a los demás; los mayores tienen más de seis metros de diámetro y más de ocho metros de altura, aunque hay que señalar que la base interior de cada uno de ellos está a algo más de un metro por debajo del nivel del suelo. Esto quiere decir que los mayores pueden superar los 130 metros cúbicos. Todos están construidos con cemento armado y ladrillo macizo, con un grosor de pared entre ocho y diez centímetros. El interior de algunos de ellos tiene, adosados a la pared, unos arcos de medio punto sobre pilares de cemento, para sostener los cientos de celdillas de ladrillos para los palomos.







CONVENTO SAN JUAN DE MORAÑINA


Vine por primera vez aquí con once o doce años, a principios de los años setenta; en esa época el edificio estaba casi entero, pues hasta hacía sólo unos años había sido el lugar de veraneo de sus dueños.






El Convento San Juan de Morañina fue fundado en el año 1400 por los Frailes Terceros de la Orden Franciscana entre Bollullos Par del Condado y Almonte, para ello contaron con la ayuda y el respaldo económico de los Condes de Niebla. 
La edificación del convento se realizó en este lugar, donde ya había un pequeño núcleo poblacional y una ermita.







Con la desamortización, en pleno siglo XIX, el convento pasó a manos particulares, y comenzó su declive y paulatino desmoronamiento. 


  




















Actualmente la imagen de la Virgen
está en la iglesia de la calle Sol de Sevilla. 
Del convento sólo quedan en pie la torre, algunos muros y varios arcos de la fachada norte.    


Como dato curioso, es necesario señalar que en sus inmediaciones existió un ejemplar de zapote. Este árbol, parece ser que uno de los pocos en nuestro país, desapareció merced a la desidia y la indolencia local en el año 2005. La tradición atribuye a Ocasio Alonso el privilegio de haberlo traído de tierras centroamericanas durante el siglo XVI.







TORRE DEL ORO

Mucha gente llama a este sitio equivocadamente "el loro", este nombre aparece incluso en algún mapa; sin embargo, su nombre es Torre del Oro. Los documentos más antiguos se refieren a ella como Torre del Río de Oro.
Actualmente está en ruinas, las dinámicas marinas de la zona han hecho que, desde hace casi trescientos años, se halle en terrenos robados por el mar.
Fue construida en el año 1600 aproximadamente, al igual que las otras once torres de almenara onubenses, con las que formaba una cadena defensiva que servía para evitar los ataques por mar de los piratas. En el terrado superior se encendían las hogueras o almenaras, visibles desde las torres próximas, ésta era la manera de dar el aviso cuando había incursiones piratas en la zona. Estaban dotadas de, al menos, dos torreros, dos artilleros, y un par de piezas de artillería.