No hace mucho subimos hasta aquí mis hermanos, mi sobrino Bruno y yo, buscando los restos de este convento franciscano del que mi padre nos había hablado en alguna ocasión.
Lo poco que queda de él está tan oculto por la arboleda y la maleza circundante que uno no lo ve hasta haber llegado a él, después de haber subido por el cerro del castillo y haber pasado por un precioso bosque de castaños.
Este convento, construido en piedra y argamasa, fue fundado en 1506 por orden de Gómez de Solís a petición de su esposa Beatriz de Figueroa.
Convento franciscano de Santa María de Jesús es el nombre completo de este imponente edificio.
Al igual que una gran parte de los edificios religiosos del país, la desamortización de Mendizábal acabó por condenarlo al abandono y al posterior saqueo, llevándolo al estado actual de ruina.
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domingo, 22 de marzo de 2026
viernes, 9 de junio de 2017
PALACIO DE LAS POYATAS
Había leído tanto sobre este palacete que, en cuanto he tenido ocasión, me he acercado a echar un vistazo y a conocerlo de primera mano.
El palacio de Las Poyatas se levanta en una zona de lomas bastante áridas, entre los valles de dos ríos, el Matachel y el Palomillas.
A la hora de la siesta, cuando llegué hasta aquí, el calor era tremendo y la soledad casi podía oírse.
Se trata de una construcción de finales del siglo XIX y principios del XX, atribuida al gran Aníbal González, con cuyo tipo de arquitectura conecta perfectamente el estilo de este palacio.
Este edificio, concebido en principio como vivienda de ocio para sus dueños, tiene la apariencia de una pequeña fortaleza de dos plantas con un torreón central, almenas y pequeñas torres-garita en sus esquinas, que tienen cierta conexión visual con los postes de la cerca exterior.
Además de salones con chimenea, cuartos de baño, estancias, galerías, patios interiores y jardín con estanque, el palacio tiene, al igual que otros grandes cortijos, su propia capilla.
Poco tiempo la disfrutaron sus propietarios pues, iniciada ya la guerra civil, fue reformada por Luis Morcillo para que sirviera de sanatorio antituberculoso, cometido que desempeñó hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo. Desde entonces el edificio está sin uso, aunque una parte se utiliza como almacén de la finca.
El palacio de Las Poyatas se levanta en una zona de lomas bastante áridas, entre los valles de dos ríos, el Matachel y el Palomillas.
A la hora de la siesta, cuando llegué hasta aquí, el calor era tremendo y la soledad casi podía oírse.
Se trata de una construcción de finales del siglo XIX y principios del XX, atribuida al gran Aníbal González, con cuyo tipo de arquitectura conecta perfectamente el estilo de este palacio.
Este edificio, concebido en principio como vivienda de ocio para sus dueños, tiene la apariencia de una pequeña fortaleza de dos plantas con un torreón central, almenas y pequeñas torres-garita en sus esquinas, que tienen cierta conexión visual con los postes de la cerca exterior.
Además de salones con chimenea, cuartos de baño, estancias, galerías, patios interiores y jardín con estanque, el palacio tiene, al igual que otros grandes cortijos, su propia capilla.
Poco tiempo la disfrutaron sus propietarios pues, iniciada ya la guerra civil, fue reformada por Luis Morcillo para que sirviera de sanatorio antituberculoso, cometido que desempeñó hasta bien entrados los años sesenta del pasado siglo. Desde entonces el edificio está sin uso, aunque una parte se utiliza como almacén de la finca.
jueves, 26 de mayo de 2011
POZO DE LA NIEVE
Llegué hasta aquí un día de lluvia en busca de este Pozo de la Nieve, del que mi padre me había hablado muchas veces, describiéndomelo como un edificio no demasiado común.
La familia de su madre, mi abuela paterna, era de Salvatierra de los Barros y allí, a los pies de la Sierra de Utrera, es donde está esta construcción de mediados del siglo XVI, compuesta por dos robustos cilindros de mampostería terminados en bóvedas de ladrillos y unidos en su parte trasera por varias dependencias anejas.
Este edificio, muy cercano a la Ruta del Temple y no muy lejos de la Vía de la Plata, servía para almacenar y conservar la nieve procedente de las sierras vecinas. La nieve se transportaba hasta aquí aprovechando las bajas temperaturas de la noche y se introducía en estos depósitos, después se apisonaba y compactaba, colocando cada medio metro de altura una capa de paja.
Los pozos de nieve proliferaron a partir del siglo XVI, momento en que el hielo comenzó a ser muy solicitado para la conservación de alimentos, la medicina y la fabricación de tabacos.
Las funciones de estos neveros artificiales continuaron hasta finales del siglo XIX, cuando empezaron a utilizarse las primeras máquinas frigoríficas. Se construían en la cara norte de las montañas y aún quedan muchos diseminados por nuestra geografía. En Andalucía son muy conocidos los de Iznatoraf, Constantina y los del Puerto de los Ventisqueros.
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